Me hacen esta pregunta todo el tiempo. Y como saben que soy fan del emprendimiento, esperan que diga que sí. Pero la respuesta real no es tan romántica.
Yo dejé mi trabajo en 2019, pero no fue una locura impulsiva. Empecé a dar sesiones de Access profesionalmente en 2015, y durante años construí algo sólido, a la par de mi trabajo formal. Cuando lo solté, ya tenía bases, ingresos y estructura. No fue un salto de fe: fue una elección estratégica.
El problema es que mucha gente vive desde extremos. Mantienen un trabajo que odian mientras se quejan todo el día o lo abandonan todo para “perseguir su sueño” sin saber cómo lo van a pagar. Eso no es libertad, es sabotaje. La invitación es a ser práctico y realista. Si estás considerando dejar tu empleo para emprender, esta es la ruta práctica:
1. Construye tu negocio mientras trabajas
No esperes que tu empleo te “permita” hacerlo. Hazlo de todos modos. Elige una idea, un nombre, una oferta mínima viable. Empieza. Puedes ofrecer servicios online, vender productos digitales, dar asesorías, abrir un canal de contenido. Lo que sea que puedas monetizar con tus habilidades.
2. llega a donde Ganas más con tu negocio que con tu empleo
Ese es el momento clave. Puede tomar entre 6 meses y 2 años. Depende de tu consistencia, de tu curva de aprendizaje y de tu capacidad de vender. Me gustaría ser mucho más optimista y decirte que te vas a hacer rico en tres meses, pero no es así. Hacerse empresario es un proceso, no una casualidad. Durante ese tiempo, trabajas doble jornada: tu empleo de día, y tu negocio en las horas libres. ¿Cómo lo haces? Dejas de ser el mejor empleado de la oficina y das solo el 100%: entras a tus horas, sales a tus horas y después llegas a casa y trabajas para ti, tu nuevo jefe, ese que no te va a negociar ni horarios ni sueldos.
No vas a necesitar 10 horas al día para un nuevo negocio. Se necesita mucho tiempo para que un negocio crezca hasta el punto de requerir tanto tiempo. La mayoría de los negocios pueden alcanzar la rentabilidad con entre dos y cuatro horas al día. ¿Es cansado? Sí. Pero es temporal. Es el precio por crear una vida propia.
No uses el tiempo de la oficina para tu negocio nuevo. No seas imprudente. Lo último que quieres es quedarte sin trabajo sin haber intentado siquiera triunfar en los negocios. Tienes que ser paciente y dedicarle tiempo. Intentar servir a dos jefes normalmente te de deja mal con ambos, y aquí estamos jugando a crear el futuro como más grandioso de lo que has imaginado.
3. Decide con consciencia cómo vas a salir
Cuando tu negocio ya te da para vivir, puedes elegir. Algunos prefieren seguir en su trabajo mientras consolidan su emprendimiento y salir cuando eso sea evidente y van disminuyendo su compromiso (y su calidad) hasta que los despiden y los liquidan. A mí me gusta más otra opción, yo fui de los que deciden renunciar con claridad, sin drama ni culpa.
Si eliges irte, hazlo de forma limpia. Entrégate hasta el último día, documenta tus procesos, deja las cosas en orden. No solo por ética: también por ti. Porque eso abre espacio para que la empresa crezca y otra persona ocupe ese lugar con energía renovada. Y tú cierras esa etapa sin arrastrar peso (y te aseguras de que si las cosas no salen como esperas, tu reputación te anteceda y seas bienvenido en la industria de nuevo).
No se trata de aguantar hasta que te corran. Se trata de usar el trabajo como un trampolín, no como un ancla. Si lo haces bien, incluso puedes irte con una recomendación, una liquidación justa o hasta una oportunidad futura.
¿Y si me muero de ganas de dejar mi trabajo?
Entonces úsalo. Deja de considerarlo un trabajo y considéralo como financiamiento para tu negocio. Ahorra, invierte, aprende. No pongas en juego tu seguridad por una historia de Instagram. Ponla al servicio de tu visión a largo plazo.
Renunciar suena épico, pero emprender sin cabeza es igual de peligroso que quedarse atrapado para siempre en un empleo que no te llena.
Hazlo bien. Hazlo con cabeza fría y corazón encendido. El mundo está allí fuera esperando que tengas éxito. No lo decepciones por tener un poco de prisa.
